el dandy

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Cancillería de Estilo
Laurence Fellows, Ilustrador
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spring342fx1lysdoradabullet En la primavera de 1934, en una sala de espera, un señor con un bigote bien recortado echa una mirada en dirección a la puerta de una oficina, casi molesto por que le distraigan de la copia de Esquire que acaba de empezar a ojear. ¿Está esperando a su corredor de bolsa? ¿A su dentista? ¿A su abogado matrimonialista?

Podemos decir que es un hombre con posibles, vista la sofisticación de su indumentaria. Luce un traje cruzado ligero de armazón fuerte. Su camisa azul tiene el cuello y los puños blanco almidonado, y su corbata regimental está anudada en un  four-in-hand. Su pañuelo de bolsillo es de un pálido azul con algunos matices coincidentes con su camisa, y es del mismo tono que los calcetines. Sus zapatos son  del modelo Balmoral de color marrón. Un sombrero Homburg de fieltro gris y un bastón de caña de ratán parecen dejados como al albur en una silla contigua.

checked_suit_and_odd_vestVestir un traje a cuadros en la ciudad es algo casi insólito, pero este hombre conoce las reglas y sabe saltárselas. Se muestra confiado en su ropa y en su mundo, porque el mundo en que vive es la creación de un artista que firma Laurence Fellows. Y puede usted estar seguro de que en los meses siguientes a la publicaciónn de esta ilustración, florecieron en las aceras de la ciudad muchos trajes cruzados.

Si alguna vez has ojeado una vieja revista de moda o algún número antiguo de  Esquire de los años 30 a los años 50, habrás visto el arte distintivo de la moda de Laurence Fellows. ¿Pero quién era este Fellows?

Nació en Ardmore, Pennsylvania en 1885. Se formó en el arte de la ilustración en la Academy of Art de Pennsylvania, y perfeccionó su personal estilo "continental" estudiando en Inglaterra y Francia. Pero su verdadera historia comienza cuando regresa a los Estados Unidos a principios de la década de 1910 y revoluciona la escena de aquél entonces presentándose como un artista joven, entusiasta y talentoso.

atouchofredLaurence Fellows encontró trabajo contribuyendo con su arte en revistas satíricas como Life o Leslie. Su estilo, de influencia europea, era fresco y nuevo, y reflejaba el lustre y la estilización que llevarían al Art Deco. Su trabajo era tan fresco, de hecho, que se encontró con que muchos de sus contemporáneos más conocidos, incluyendo a John Held, Jr. y Ralph Barton, adaptaron a su propio estilo elementos de Fellows.

Durante este período, el estilo de Fellows era muy gráfico y cuidadoso con el detalle, con finas líneas negras que encerraban extensiones de tonos planos y con unas  composiciones en las que hacía hincapié en el peso gráfico y en el equilibrio en detrimento del detalle ilustrativo quisquilloso. Su soporte alimenticio durante toda la década de 1920 fue su trabajo para la empresa de neumáticos Kelly-Springfield. Le llevó al gerente de publicidad de Kelly unas ideas para una serie de anuncios en revistas con "coches inteligentes para personas inteligentes".  Fue el comienzo de una relación que duró casi una década. Los anuncios siguen siendo inteligentes y muy de moda hoy en día (y objetos de colección, por cierto).

dboxfordstripePero fue en la década de 1930 cuando Fellows encontró el nicho que daría forma a la vida de los dandies para los próximos 80 años: la ilustración de moda. A pesar de que colaboró con las revistas Vanity Fair, McClure, y la American Magazine, entre otras, fue en las de moda masculina donde tuvo mayor demanda, y Apparel Arts, destinada a la sastrería, y Esquire fueron sus escaparates.

La técnica de Fellows como ilustrador de moda fue más pictórica y detallada que sus anteriores trabajos comerciales. Podía dibujar la tela, lisa y llanamente. El peso, la caída, la textura y el brillo. Sus pantalones de franela, estambre, tejidos de lana y ropa de cama, su terciopelo y su sarga, eran todos fabulosos.

También definió un mundo muy específico, muy masculino. A diferencia de las revistas de moda de hoy en día, Apparel Arts no dictaba las tendencias de la moda usando modelos desnutridas en trajes inservibles. Se mostraba lo que ya era usado por los adinerados, que marcaban tendencias populares. 97084El genio de Fellows como ilustrador residía en su capacidad para representarlos en sus actividades cotidianas. Ya fuera viajando por el mundo, siendo anfitriones en cenas, en la caza del urogallo, o, simplemente, descansando en el ático o en el club.  Fellows hizo accesible su exquisito universo. La gente común miraba las ilustraciones y decía: "Yo podría usar eso".

En lugar de retratar a los overdressed o a los rancios o a formas humanas para mostrar ropa, los sujetos de Fellows son hombres para los que vestirse espléndidamente es algo natural. Están disfrutando un buen rato, sonriendo y pasando un buen rato en un ambiente relajado y todos ellos son ejemplos de elegancia casual, bien cortada.

Laurence Fellows murió en 1964, y en 2009 fue nombrado para engrosar el Salón de la Fama de la Sociedad de Ilustradores. Su inmortalidad en el mundo de la moda masculina está garantizada, simplemente porque tuvo la capacidad de retratar a los hombres de verdad en su vida real y hacer de esas vidas las que a todos nos gustaría vivir.

 
José María Reíllo, Presidente del Club de Sastres de España
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En el mes de Abril, nuestra amiga www.elaristocrata.com cumplió un año, celebrándolo con un artículo tan especial que El Dandy.net ha querido hacerse eco de él. José María Reíllo, Presidente del Club de Sastres, fue el elegido para protagonizar la entrevista que conmemoraba la efemérides de El Aristócrata. A continuación, con permiso de nuestra página amiga, reproducimos la entrevista, para solaz de todos nuestros dandies (destacamos en color los aspectos más relevantes para nosotros):

D. José María nos recibe puntualmente a la hora previamente pactada. Es de agradecer que una persona tan ocupada, que viaja constantemente al extranjero para atender los pedidos de sus clientes, haya organizado su agenda para que nadie interrumpa el encuentro que mantuvimos con él durante más de hora y media.

 
Gentleman Farmer
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Recuerdo la estrella de la tarde cuando salgo de una tienda de Velázquez; una copa en Santa Ana me lleva a esa última hora del paisaje en que se confunden las ovejas con las rocas y una esquila suena para confirmar que no es un sueño. Cuando pasan cosas como estas, ha llegado el momento de irse al campo. Uno va poco al campo porque entran tentaciones de quedarse, porque es demasiado fácil imaginarse siempre aquí, por la intuición de que hay que administrarse sin abuso incluso las bondades de la vida.

Basta salir del coche para saber que existen alegrías inmunes a cualquier escepticismo: un aliento en la mano, un toque en la pierna; son los perros, que nos han reconocido. Aquí todo nos reconoce y en todo nos reconocemos: quizá eso y no otra cosa es una casa. Solo en la casa, la imaginación ve por los pasillos las viejas sombras familiares, el paso rápido de mi madre, el paso encorvado de un abuelo, el paso –en triciclo- de un sobrino, como una continuidad o una renovación.

 
Caballos y Caballeros
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La pintura nació en Altamira sin pecado original. Ya entonces, en la madrugada de la historia, alguien acercó un tizón a la pared y dibujó un caballo. Es posible pensar que la relación de un hombre con su caballo será siempre de mayor intimidad que la relación de un hombre con su Ferrari. Es por esto que al caballo se le ponen nombres: damos nombre a lo que queremos, o le otorgamos un apelativo, como si nombrar fuera establecer un vínculo de propiedad afectiva. Entre otras cosas, el hombre ha empleado al caballo –en el arma de caballería- para cargar juntos y juntos herir o morir: ‘también mueren caballos en combate’, dirá Mesanza, en verso aún joven pero que ya se va volviendo lapidario. Esa es una relación que une bastante.

 
Vida y Corbatas
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¡Ah, la adolescencia! ¡Jeunesse dorée! En mi clase hicimos una vez un concurso, con nihil obstat de los profesores, para ver quién llevaba la corbata más horrible. Fue una ardua competición en la estridencia. Para la ocasión rescaté una corbata de Hugo Boss, cosecha de 1993: un ectoplasma en colores pastel, con el escorzo de una estatua neoclásica. La corbata era un sobresalto, tan fea que parecía pintada a mano, género textil este que todavía goza de popularidad en esos mercadillos que también venden elfos, velas mágicas y piedras con poderes. El premio al horror fue repartido ex aequo pues un amigo contaba con la gran ventaja de tener un padre sudamericano: el hombre sorprendió con un modelo en diversos degradados de color crema que, a no dudarlo, había conocido las muchas posibilidades que ofrecía la estimulante noche de Caracas, allá por los setenta.

 
El Vino en el Restaurante
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Lo primero que hay que decir sobre la elección del vino en un restaurante es que es un asunto dificilísimo. No quiero engañar a nadie. Es un asunto dificilísimo. Para acertar con la elección del vino en un restaurante, es obligado un concurso de experiencias y saberes que raramente tienen cabida en el breve tránsito de una vida humana. Es necesaria una sensibilidad infusa y preternatural, en combinación instantánea con una concentración dotada de profundidad de abismo y rapidez de vuelo, y la memoria de una máquina de computación con sistema proustiano y no binario. Por si fuera poco, sin un golpe puntual de gracia, ‘en vano se esfuerza el albañil’, por citar la Biblia. Y aquel que tiene la responsabilidad de elegir, como una gravedad que no es honor, también tiene en su contra la limitación del tiempo y, casi siempre, el estrépito circundante y un camarero o sumiller ansioso –los dos diablos de la precipitación.

 
Fumar sin Desengaño
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Fumar tiene todavía el prestigio de un placer, más allá de la insuficiencia respiratoria, la bronquitis, los tremendos agolpamientos arteriales, el sombreado en amarillo de los dientes o ese ahogo congestivo después de un tramo de escaleras. El veneno lento de la nicotina escarba en los alveolos pulmonares y escuchamos pavorosamente las arritmias de un corazón que es sólo un músculo: si falla la bomba de riego de un jardín, tiene más lógica que falle un corazón.

Pese a todo, la omnipotencia del cuerpo es ilusoria como la juventud y cuando no nos duele nada al levantarnos es porque estamos ya muertos. Con o sin tabaco seremos un álbum de gusanos, con químicas fosforescencias de los huesos, poblados de entidades inferiores. A partir de esta verdad, la vida sería más amable si se prohibieran también la estupidez, los malos modales o el hilo musical de algunas librerías.

Fumar es un inicio de amistad”, “fumar ayuda a cuadrar las frases”, “fumar consuela al afligido y confirma al animado”: he ahí algunas alternativas para la tipografía de esquela con que últimamente se ensucian los paquetes de tabaco que han sido obras perdurables del diseño.

 
El Dandy y el Vino de Oporto
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Los vinos de Oporto siempre han formado parte de la historia de Portugal, especialmente de todo el valle regado por el río Duero. Pero estos caldos, con más de 300 años de antigüedad, tienen unas raíces tan lusas como británicas, ya que fueron los ingleses quienes dictaron durante mucho tiempo sus formas de elaboración. Un vino amado por los dandies.

Los vestigios de los asentamientos romanos en todo el valle del Duero demuestran que siempre existió una gran tradición vitivinícola en el noroeste de Portugal, pero es a partir del siglo XVII cuando los vinos de la región de Oporto viven su gran expansión comercial. Esta se debió fundamentalmente a las crecientes importaciones inglesas, un comercio en el que, de forma involuntaria, incidió la actitud del ministro Colbert. Por aquel entonces el político francés impuso grandes tasas al vino de Burdeos que se exportaba a Inglaterra. Fue entonces cuando el rey Carlos II decidió boicotear los "claretes" galos tan apreciados por sus compatriotas.

Obligados a buscar nuevos proveedores, los comerciantes de Plymouth, Bristol y Londres descubrieron las virtudes de los vinos del valle del Duero. Alguno de estos proveedores se habían establecido con anterioridad en Viana do Castelo, junto con holandeses y hamburgueses, que solían comercializar con los vinos de Monçao, entre otros muchos. Fueron estos comerciantes los que instalaron agencias en Oporto, y firmaron en 1703 un acuerdo anglo-portugués, llamado el Tratado de Méthuen, que establecía tarifas aduaneras preferenciales para los Vinos de Oporto que fueran destinados a Inglaterra.

 
El Dandy y las "Chaquetas Sueltas"
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No creo que un guardarropa clásico requiera muchas chaquetas sueltas o americanas. Son muy útiles cuando se necesita algo para salir airosamente del paso, sin olvidar que una chaqueta de franela, de tweed o un traje de lino es tan buena opción, o mejor, que otras.

Esto no significa que estas chaquetas “sueltas” no sean  perfectamente aceptables para un almuerzo en el club, o para un domingo dedicado a museos o exposiciones, o para cualquier viaje de negocios en el que se va a llegar tarde a una reunión. Simplemente significa que son una elección acertada de la que hay que disponer en un número prudente. Creo que cuatro o cinco cubren las necesidades básicas, junto a dos o tres pares de pantalones que puedan usarse con cada chaqueta.

Para la primavera y el verano, deberían tenerse una chaqueta azul marino,
una chaqueta blanca, una chaqueta tostada  y cualquier otra variación al gusto del Dandy, siempre que su tela sea ligera y fresca.  El lino es un buen material a tener en cuenta. Como complementos, podrían incluirse pantalones tostados y blanco sucio, gris claro, y de color caqui. Además, se debe tener una sahariana o chaqueta de safari (olviden el cinturón, por favor), si se habita en climas cálidos. Los bolsillos de fuelle son un lugar idóneo para el teléfono móvil.

 
El Dandy y las Iniciales
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Sirva esta disertación sobre monogramas o iniciales para los hombres que gustan de llevar sus iniciales en sus camisas, o para aquellos que estén pensando en hacerlo. No sirve para los hombres que llevan las iniciales de un diseñador de moda en una camisa o una camiseta. Estos especímenes no están todavía preparados para estar navegando en esta web. Así que, por favor, déjennos tranquilos. Odi Profanum Vulgus et Arceo.

Es sabido que las iniciales de las camisas se utilizaron por primera vez por los alumnos de los colleges británicos para identificar sus camisas en la lavandería común. En aquél momento, la mayoría de las camisas eran blancas y con la misma confección, o muy similar. Así que era necesaria alguna forma de identificación. Al igual que hoy, cuando una camisa no tiene identificación, y es llevada a la tintorería, se aplica por el responsable del establecimiento una marca identificativa, lo que no deja de ser
por lo general, algo bastante poco atractivo. Por lo tanto, grabar un monograma en las camisas tendría una función muy práctica si con ése identificador se satisfacieran las normas de la tintorería al uso, cosa que generalmente no sucede. Por lo tanto, por mucho que encarguen sus camisas con sus iniciales o su monograma, tendrán que seguir sufriendo las molestas grapas con el molesto cartoncito que las identifica como suyas.

 
Moda contra Estilo
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He podido leer recientemente, en un foro de Internet, la aportación de un caballero en la que decía que, tras haber comprado –recientemente- un traje barato y encontrarse tan bien con él, no entendía el por qué algunos sentíamos la necesidad de adquirir algo tan caro como un traje a medida. Aducía que él se sentía satisfecho con usarlo seis o siete veces antes de desahuciarlo y entregarlo a un ropavejero. Además, argumentaba que actuando de esta forma, podía estar siempre de la más rabiosa actualidad. Terminaba preguntando si poseer un traje “viejo” no iba en contra de la noción de estilo.

Y yo me preguntaba según leía sus cuitas si no tendría invertidos sus roles sexuales, o si el desconocimiento de la noción de estilo es un mal que está tan extendido hoy en día. Aún me lo sigo preguntando. Lo de los roles, claro, porque la incultura del vulgo lo tengo claro desde la cuna.

 
Los Gemelos
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Los caballeros”, me dijo una vez un señor de avanzada edad, patriarcal y paternalista, “no usan joyas”. Intenté refutar esa afirmación basándome en la observación de respetables señores que llevaban anillos y relojes. El se mofó, diciendo que esos anillos eran como grilletes y que los relojes eran demasiado prácticos para considerarlos joyas. A pesar de que este caballero era uno de los pelmas más grandes que me he encontrado, he de darle la razón en un punto; la joyería de hombre suele ser furtiva (como las cadenas de cuello), vulgar (como un pendiente o una pulsera) o funcional. Los caballeros somos el sexo menos decorado. Considerando que las mujeres adornan sus cuellos y muñecas con oro, platino, plata y piedras preciosas, nosotros estamos en clara desventaja. Y no sin razón.  Los hombre enjoyados de los siglos precedentes, perfumados y empolvados, son representaciones incómodas e incoherentes de nuestro sexo y nuestro estilo; un hombre cae fácilmente en el sobre-adorno.

 
Dandy y las Rebajas
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Ya sea en momentos de bonanza económica o en malos momentos -muchos para un Dandy-, pocos de nosotros podemos tener todo lo que queremos y debemos establecer nuestras propias prioridades. Para mí, estos días de rebajas dicen muy poco. Mis necesidades, o más bien mis deseos, son muy específicos y es poco probable que se encuentran a la venta. Y mucho menos a precios asequibles.

Es importante recordar que el precio de las prendas de vestir no es el precio visual, no es aquél que marca la etiqueta, sino el precio dividido por el número de veces que la prenda es vestida, además de alguna arbitraria cantidad de puntos de bonificación por el placer que proporciona. Un traje a medida usado durante veinte años puede ser una ganga. Por el contrario, tengo un traje de un diseñador que no voy a nombrar, con un precio de venta tan alto como la mayoría de mis otros trajes a medida. Lo compré rebajado en un 70% presa de un capricho. Puedo resistirlo todo excepto las tentaciones. Pues bien, he vestido ese traje tan sólo dos veces, porque simplemente el cuello de la chaqueta no se me ajustaba bien. Es posiblemente el traje más caro que poseo. Y el más insatisfactorio.

 
El Blazer en Verano
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Personalmente, pienso que un blazer de una fila es una opción más adecuada para el calor de esta época, pero para aquellos caballeros que prioricen la figura estilizada por encima de la comodidad, existe la opción del blazer cruzado de cuatro botones.

Este modelo de chaqueta está cortado de forma que los botones inferiores quedan por debajo de la cintura. Esto le da un aspecto más alargado y deja al aire un poco más de camisa en la zona del pecho, de modo que sea más fresco.

En cuanto a las ocasiones apropiadas para lucir una chaqueta blazer, en estos días de agosto son francamente escasas, excepto en lugares a la orilla del mar, en los que este atuendo es perfecto, tanto por sus connotaciones naúticas. Un Dandy también lo elegiría para estar fuera de lugar en una iglesia.

 
El Peligroso ejercicio de Vestir en Verano
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Leo en la página de nuestro buen amigo "A Suitable Wardrobe" una recomendación con la que no puedo estar más en desacuerdo. Trata de recomendar un estilo apropiado para vestir en verano.

Empiezo coincidiendo con él en lo tocante a los vaqueros: es incomprensible cómo es tan alto el número de personas que los utilizan en medio de las condiciones tan sofocantes de calor como las que imperan en ésta época. Pero la alternativa que lanza, basándose en la imagen que reproduzco, no deja de ser inaudita.

Para empezar el desatino, recomienda el uso de camisas de manga corta y de pantalones también cortos. Desde El Dandy.net no podemos dejar de horrorizarnos ante tamaño atentado contra la elegancia. Señores, nadie debería ofender a nadie ofreciéndoles la inmerecida visión de brazos o piernas peludas o depiladas. Desde que se descubrió el lino, el algodón y la lana fría, el verano nos arroja una oferta en formas, cortes, tejidos y colores tan hermosa que algunos, entre los que me encuentro, esperamos el cuarenta de mayo con avidez para lanzarnos a elegir las más hermosas y brillantes combinaciones de colores en nuestro guardarropa.

En lo que sí coincido con nuestro buen amigo Will es en el pañuelo al cuello, que tantas posibilidades cromáticas encierra, y con las alpargatas de esparto. Tenemos en nuestra tierra una oferta tan maravillosa de este calzado, que un dandy no debería nunca olvidarlas en su guardarropa de verano.

Y, por supuesto, coincidimos en una bebida fría. Pero no un French 75. Probad un Campari con naranja. El Dandy os lo recomienda.

 
Americanas, Ma Non Troppo
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Veo a demasiados hombres vestir demasiadas americanas en estos días. A una cierta edad es lo que cabía esperar. Un estudiante, un universitario, tiene razones sobradas para mantener el doble de americanas que de trajes en su armario. La indumentaria en la mayoría de los campus está adecuadamente orientada hacia el uso de chaquetas de tweed con pantalones casuales, puesto que un hombre tiene relativamente pocas ocasiones que requieran el traje formal en esos años.

Después de los días de escuela, los tiempos cambian. La mayoría de los hombres que se gradúan no encuentran ocupación de inmediato, así que tienen alrededor de un par de años para ir preparando su guardarropa para la vida profesional. Los trajes deben ir aumentando el espacio en su armario, hasta llegar a una deseada proporción en los que estos sean el doble de las americanas.

Tiene una dificultad comprensible el cambiar de la noche a la mañana del colorido mundo del tweed al sobrio mundo del traje, pero Ahora es comprensiblemente difícil de cambiar de la noche a la mañana el pensamiento de colorido tweeds a drab worsteds, pero, como en todos los desafíos, hay un sinnúmero de oportunidades. La parte que veo más descuidada en los armarios de la gente es la del mal llamado “casual Friday”, que se ha convertido en algo demasiado casual. Ahí hay una oportunidad. Considere la posibilidad de adquirir un par de trajes azules, beiges, de cuadros, de lino o de tweed, que puedan ser vestidos en la oficina cuando no exista una ocasión formal en la agenda. No sólo parecen buenos durante la semana, sino que su relativa rareza le permitirá usarlos en fines de semana o días festivos.

Úselos en lugar de las americanas sueltas.

 

 
Verano 2008. Sombreros: Jippa Jappa
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El Jippa Jappa se situó entre los sombreros de paja de verano más populares en la década de 1930. Originalmente del Caribe, tiene la gran ventaja de añadir una banda de tela fácilmente combinable con el 99% de los elementos del guardarropa de un caballero. En la ilustración, la revista Esquire lo muestra junto a una selección de accesorios de verano y un traje de chaqueta de tres botones.

El Jippa Jappa es la elección más pertinente en días soleados, como sustituto de la ubicua gorra de béisbol. Un Fedora de paja, que es lo que es, costará un poco más pero nos hará parecer infinitamente más sofisticados.

 

 
La Corbata
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A continuación, pongo a vuestra disposición algunos vídeos sobre el arte de anudarse la corbata.

 
De los Detalles y los Zapatos
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Por culpa de la aparición de ese horrible fenómeno denominado pret-a-porter, ya no quedan vestiduras que nos diferencien a ojos del humano normal. Solo un ojo entrenado puede percibir el fraude de lo auténtico. Para los demás, quedan los detalles.

Cuando se dice que no es fácil distinguir entre un traje de hombre hecho a medida y uno de confección, se está diciendo, como en tantas ocasiones en que se habla o escribe de este tema, una tontería. Véase si no la diferencia entre los ojales de las mangas de ambos tipos de chaqueta. En las hechas a medida, las mangas pueden desabrocharse y llevarse vueltas. Si no las dos, por lo menos la derecha (costumbre instaurada por Eduardo VII, por entonces Príncipe de Gales, cuando al asir un azadón salpicado de barro en el consabido acto protocolario de plantar un árbol, se desabrochó la manga de la chaqueta para evitar mancharse, hecho que fue inmediatamente copiado por los "elegantes" de la época y ha proliferado hasta nuestros días).

 
El Discreto Encanto de lo Clásico
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Tras la mayoría de los artículos del guardarropa de un caballero se halla una historia. El vestuario clásico del hombre no surgió del tablero de un creador ni del antojo efímero de un diseñador. Nos llega de la mano de hombres prácticos, cualesquiera sea su procedencia u oficio.

¿Se han fijado en que la ropa clásica masculina no va ligada a nombres de modistos? Conmemora, entre otros, al duque de Wellington, al príncipe de Gales, a lord Raglan, al conde de Cardigan, al duque de Norfolk o al conde de Chesterfield. Su historia tiene tanto que ver con el sentido común como con el sentido del vestir. Es una historia que no solo explica lo que llevan los caballeros sino cómo deben llevarlo: el por qué el último botón del chaleco nunca se abrocha; por qué ciertos abrigos tienen el cuello de terciopelo negro; por qué algunos modelos de zapatos tienen adornos en forma de agujeros y por qué las solapas tienen una muesca.

 
Todo Atado y Bien Atado
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La mayoría de los caballeros posee al menos un par de gemelos para el vestir más formal. Tradicionalmente, forman parte de la herencia de padres a hijos. Algunos hombres los coleccionan. Los más apasionados pueden cambiar diariamente de gemelos durante más de un año sin repetir el modelo.

Como dice el conservador jefe del Museo de la Moda y el Vestido de París, Fabienne Falluel, los gemelos se encuentran entre los escasos accesorios de joyería de un caballero que son aceptados socialmente.

Al igual que los relojes, las hebillas del cinturón, la alianza y el anillo "signet" o "chevalier" (siempre en el meñique de la mano izquierda, por favor), gozan de la característica de joyas "funcionales".

 
El Dandy y el Carácter de la Distinción
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El auténtico caballero no entiende de improvisaciones. Su apariencia expresa el cuidado máximo por el detalle. No es sólo que vista de forma irreprochable o que su vestuario refleje el gusto por la vida exquisita. Es algo más: el pelo, perfectamente cortado y peinado; la manicura, la elección del nudo de la corbata, la manera de llevar el pañuelo del bolsillo de su chaqueta.

Mil y un detalles que un caballero se plantea mientras desayuna y mientras se afeita, se da una ducha y se viste. O debería hacerlo, puesto que a lo largo del día, una vez salga de su hogar, no dispondrá de sus utensilios de cuidado personal. Y además, deberá conservar su perfección durante el resto de la jornada. De la mañana hasta la tarde no puede permitirse bajo ningún concepto el cabello despeinado, la corbata mal anudada o floja, que la chispa de sus ojos se extinga.

Y, simplemente, caballero se es o no se es. Existen unas pautas que hay que cumplir. Si a alguno el listón le parece demasiado alto, mejor que no lo intente. Edmund Burke, filósofo inglés del siglo XVIII, escribió en cierta ocasión "el Rey puede elevar a la nobleza a un hombre, pero no puede hacer de él un caballero". En la actualidad, sería más apropiado decir, en palabras del sociólogo Enrique Gil Calvo, "el nuevo rico puede comprar todo, pero no la capacidad de apreciar a Beethoven, puesto que eso precisa entrenamiento".

 
El Glamour y el Dandy
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El glamour, ese allure indefinido entendido como encanto. Enunciación aproximada, incompleta. ¿Quién puede dar una definición exacta? Todo son aproximaciones, intentos vanos de definir, de encuadrar. Definimos por negación: esto o aquello no es glamouroso, fulanita o menganito no tienen glamour.

Si aceptamos que glamour es sentirse bello, hermoso, radiante con lo que uno es, o lo que es lo mismo, que una persona rica puede ser glamourosa, pero otra con escasos recursos también, debemos concluir que el glamour es esa fuerza interior que nos empuja a ser lo que realmente somos por dentro, a proyectar nuestra esencia al mundo. Iluminar, irradiar aceptándonos a nosotros mismos.

 
El Perfume del Dandy: un Halo de Elegancia
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He cambiado tres veces de aroma en mi vida (sin contar aquella lavanda con la que mi madre me bañaba después del baño en mi tierna infancia).

Usé Esencia de Loewe desde su aparición en el mercado, pero tuve que abandonarla, molesto porque un amigo (que desde entonces dejó de serlo) tuvo la audacia de copiarme. Después, durante mi larga estancia en Londres y años después, mi aroma fue Lords, una maravillosa esencia elaborada por los maestros de Penhaligon's, que adquiría en la deliciosa perfumería que tienen en el 41 de Wellington Street, en Covent Garden. En la actualidad, y desde hace años, tengo la costumbre de utilizar dos aromas.

 
El Dandy regala Flores
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Inmersos en el cada vez más desvirtuado y consumista mundo actual, convendría buscar unos minutos de sosiego, aislándonos del incómodo tráfago de gente cargada de falsas ilusiones y vacía de personalidad, de su cada vez más ordinaria conducta, del olor a tarjeta de crédito quemada comprando sin sentido y regalando sin gusto. Aislarnos, vestirnos con nuestra mejor ropa de estar en casa, dejarnos arrullar por las elegantes notas de un saxo de jazz, ser acariciados por nuestro sillón predilecto y reflexionar sobre la olvidada importancia del regalo floral.

Regalar flores. Regalarse flores. Cómo hacerlo. Cuándo hacerlo. Qué flores regalar. Arte supremo. Reflejo de elegancia y buen gusto. Lenguaje perdido de las flores. Cultivémoslo. Recuperemos el saber. Exaltar los sentidos de quien recibe la ofrenda es la eterna expectativa de quien regala. Por medio de las flores intercambiamos sentimientos que viajan a través de la emoción.

 


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