el dandy

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Conde D'Orsay
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dorsay3caballerobulletEl es la divinidad de los dandies. En otra época, habría ascendido a la corte celestial y los jóvenes le ofrecerían sacrificios como Dios de la elegancia. Charles Sumner

El conde d’Orsay, cuyo nombre es sinónimo de elegancia y agraciada realización, y a quien, según todos aquellos que le conocieron bien, tan cariñosamente se le recuerda y cuya falta tanto se lamenta, como la de un hombre cuyas grandes habilidades podrían haberle deparado alguna distinción, y cuyo gentil corazón salió intacto incluso del mundo de la moda. Charles Dickens

Como el arbiter elegantiarum, ha sido el rey supremo en asuntos de buen gusto y elegancia, confirmando los intentos de otros con su aprobación, o gratificándoles con su ejemplo. New Monthly Magazine, 1845

Alfred Guillaume Gabriel D’Orsay fue por título Conde de Francia, y era oriundo de una rica familia de provincias. En Inglaterra, no obstante, se encontraba a sí mismo escaso de dinero y era mantenido por la generosidad de Lord y Lady Blessington, que dieron a D’Orsay todo lo que necesitó...

dorsay2Lord Blessington murió en 1829 y en su testamento nombró a D’Orsay su principal heredero y albacea. Para ser digno de la fortuna Blessington, D’Orsay tenía que casarse con una de las jóvenes hijas de Blessington. Se casó con la quinceañera Lady Harriet con la condición de que no consumaría el matrimonio hasta que ella alcanzara la edad de veinte –una condición impuesta por la celosa Lady Blessington, que quería a D’Orsay para ella-. A la edad de diecinueve, no obstante, Lady Harriet escapó de D’Orsay y se refugió en la casa de unos parientes benevolentes. D’Orsay, parece, había intentado convencer a Lady Harriet para consumar el matrimonio antes de lo pactado.

A D’Orsay pareció no importarle que su esposa le abandonara. Pasaba el tiempo en Crockford’s, el último club de juego de la Regencia, que era por aquel entonces el más elegante de Londres.  Reinó con supremacía como el archi-dandy de Londres y el árbitro supremo en materias de gusto y elegancia. Su apariencia era demoledora. Un hombre alto e imponente, llevaba el pelo castaño rojizo en una masa de rizos brillantes. Sus ropas eran de terciopelos y sedas color pastel, embellecidas con botones de oro, rematado con una corbata de raso y un sombrero extravagantemente alto.

El esplendor de sus ropas era difícil de ignorar, pero era el esplendor de su personalidad lo que más impresionaba a quien se lo encontraba. Hablaban largamente de su amabilidad, su firme apretón de manos y su contagiosa risa, su imperturbable autoconfianza, y su estado de ánimo en permanente alza. Disraeli dedicó su novela Godolphin de 1833 a D’Orsay, y en 1836 inmortalizó a D’Orsay en letra impresa en Henrietta Temple como “Conde Alcibíades de Mirabel”. Dickens dio a D’Orsay el honor de ser el padrino de su sexto hijo.en 1852, cuando el Príncipe Luís Napoleón llegó a ser Napoleón III, el nuevo Emperador nombró a D’Orsay Director de Bellas Artes del Segundo Imperio. Esta gloriosa coronación a su carrera como Dandy no duró demasiado. D’Orsay murió pocos días después de escuchar su nuevo nombramiento, recordado por todo el mundo no como un Conde de Francia, no como un Director de Bellas Artes, sino como el Dios de la Elegancia.


Comentarios de usuarios (1) RSS feed comment
Enviado por patrick, on 08-02-2010 19:46,
1. interezanteee
IN TEREZANTEEE ,,, chicovip_@hot
 
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