el dandy

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Historia
The Yellow Book
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the yellow booklysdoradabullet Si estas palabras de hoy, estimado lector, sólo pueden traer a su mente las insípidas Páginas Amarillas, sepa usted que hubo un tiempo en que no fue así. El  Yellow Book fue, en el Londres de los amarillentos noventa, esto es, en la última década del siglo XIX, la revista que escandalizó su época y su entorno. Artículos fina y elegantemente transgresores, poesía maldita e ilustraciones no del todo académicas no fueron sino el carbón que sirvió para avivar el fuego del puritanismo inglés de aquellos años; Oscar Wilde fue la antorcha que seguía ardiendo entre las llamas, pero, huelga decirlo, nunca fue totalmente consumido.

Toda la revista parecía deliberadamente diseñada para irritar a los buenos burgueses victorianos; sólo el color de la cubierta, de un amarillo fuerte e irreverente, agitaba los ánimos más dóciles y enfurecía a los críticos literarios que con fiereza, trataban de derribar a la mayoría de sus impasibles colaboradores (en una excelsa nómina que incluía a Max Beerbohm, Henry James o William B. Yeats). El "Punch", con ocasión de la salida de la primera edición del Yellow Book, publicó un poema satírico, cuyo tema era el color de la revista, así como las ilustraciones de su director artístico, Aubrey Beardsley:

 
El Dandy, el Renacimiento y el Decadentismo
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arebours1lysdoradabulletWilde inició su gira de conferencias en los Estados Unidos hablando sobre el "Renacimiento Inglés"; del texto de esta conferencia quedan pocos vestigios, pero sabemos que lo que predicaba era un renacer de Inglaterra, Renacimiento, por supuesto, bajo la bandera de la Estética. Muebles, enseres, papel y textiles debían armonizar unos con otros, creando un triunfo de la estética wildeana (que no era otra cosa más que volver a examinar las ideas de Ruskin, Pater y Rossetti), muy lejos de la pesada carga pseudo-barroca y estúpidamente elaborada de los interiores victorianos. Las conferencias, y todo lo que les siguió, las historias, el Dorian Gray, los poemas, la pose, todo tenía la impronta, por decir la verdad,  de un "anti-victorianismo” radical. Wilde no podía soportar la hipocresía y filisteísmo de la clase burguesa que no admitía conocer el vicio, que predicaba la hipocresía y los mensajes morales, tan presente en la sociedad que era poco menos que nauseabundo.

 
El Dandismo Hoy
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No sé si serán muchos los que piensen  -aunque, sin duda eran más hace unos años- que el fenómeno Dandy es algo del pasado. Puesto que en una sociedad tan plebeya y chata como la que vivimos, tan escasa de imaginación, y gregaria hasta el homicidio, es difícil dilapidar, como lo hizo Don Mariano Téllez-Girón, Duque de Osuna (de quien el novelista Valera fue secretario en San Petersburgo), o convertirse en un Des Esseintes que hace de su protesta individual inconfundible estilo… Para muchos, los últimos dandies pasearon su elegancia disidente por los salones Art-Decó de los años veinte. Y si dandies fueron Cocteau y Diaghilev, el último representante puro del estilo, acaso fuera Boni de Castellane, amigo de Proust, aristócrata, arruinador por matrimonio de ricas e inocentes norteamericanas, y que escribió en los últimos años de su vida –hacia 1930- un hermoso libro, con uno de los títulos más dandies que conozco: L’art d’être pauvre. (Quizá sólo comparable con el del pintor Whistler, otro Dandy, llamado The gentle art of making enemies).
Pero, después, ¿ha habido dandismo?

 
Dandismo. Un Esbozo Histórico
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El Dandy es un personaje del Romanticismo. Individualista, irracional en la razón, atrevido, el Dandy es todo un estilo. Es el rebelde que lleva arte y rebeldía a su persona y a su atuendo. Es Byron, que llora por su perro muerto y desdeña a los hombres, o que mide todas las mañanas la esbeltez de su talle, afirmando no alimentarse sino de bizcochos y agua carbónica. Es también Lord Baltimore (del que habla Baudelaire), quien se hizo construir un harén, por lo que fue obligado a abandonar Inglaterra, muriendo en Nápoles, camino de Turquía. El Dandy se rebela contra una sociedad –y un mundo- y adopta la esterilidad, la imposibilidad y el mal. Aunque esto no pase muchas veces de una estética o, a lo sumo, de una disidencia siempre individual. Porque el Dandy quiere separarse de los demás y ser así –en su personalismo- más rebelde.

 
Dandies anteriores al Dandismo
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El Dandismo –como han repetido en tono doctoral los tratadistas- es inherente al hombre. A ciertas especies de hombres, diría yo. Pero como tal –en su esencia-, producto verificable a lo largo de la Historia y no exclusiva floración del satanismo romántico del XIX.

En sus Vidas Paralelas, Plutarco nos narra la biografía de Alcibíades: un Dandy. Cortó la cola a un perro hermosísimo que poseía para que los atenienses pudiesen hablar de su persona. El dandismo no está tanto en que tuviese un hermoso can cuando en que no dudó en mutilarlo en función de ser mirado.

 
Orígen del término "Dandy"
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El término “Dandy” ha sufrido varias adaptaciones a lo largo de la historia. Es un término que liga al Reino Unido con los Estados Unidos, simbolizando la ida y venida de ideas entre las dos naciones, comenzando con una cancioncilla satírica llamada “Yankee Doodle Dandy”. Es de señalar que la canción que servía para acompañar a las Trece Colonias durante la Guerra de la Independencia contiene los términos “Dandy” y “macaroni".

Importada por los escoceses en Inglaterra por las corrientes migratorias de 1700, “Dandy” fue considerado un término despectivo para una persona con pretensiones por encima de sus posibilidades, así como yankee era también un término altamente despectivo para referirse a un cobarde. Las tropas británicas lo usaban para burlarse de las milicias coloniales americanas que, sin entrenamiento ni disciplina, a menudo rompían sus líneas defensivas y hacían incursiones en su territorio. Las tropas británicas subsecuentemente compusieron “Yankee Doodle Dandy” para mofarse de los colonos:

 
Breve Introducción Histórica del Dandismo
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¿Qué hace el Dandy cuando se levanta temprano por la tarde? ¿Se complace en la belleza y contempla las verdades eternas? ¿Liderará las barricadas para protestar por nuestra vulgar, burguesa y consumista sociedad? ¿Suspira por los días en que los hombres vestían bombachos y medias de seda?

No, el verdadero Dandy no hace ninguna de esas cosas.

El Dandy se dirige a su cuarto de baño y se asea, afeita, cepilla sus dientes y coloca cualquier pelo despeinado. Entonces se adorna, examinando cualquier detalle en el espejo –el nudo de la corbata, el brillo de sus zapatos, el efecto de su pañuelo de bolsillo, la precisión de la caída de sus pantalones, la flor de su boutonniere, la armonía y el equilibrio de todos los componentes de su aspecto- hasta que decide que está bien. Cuando finalmente sale de su casa, no es un habitual de los salones, la ópera, el teatro, los museos, las salas de conciertos, los casinos, los restaurantes o los clubes a los que puede o no llegar, sino de su sastre o zapatero.

Porque el Dandy es un hombre con un buen gusto visible. Vestir bien es su seña de identidad. Desnuda a un Dandy y ¿qué es lo que queda?

 


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