Frac impecablemente ajustado, el pelo peinado hacia atrás, una mirada descarada… Max Raabe canta lo mejor de los años 20 y 30 con divertida nostalgia. Canciones, éxitos y cuplés. Rumbas cubanas, elegantes tangos y alegres foxtrots. Canciones de sorprendente seriedad, divertidas y melancólicamente simples. Las irónicas letras se ajustan a los tiempos de hoy como lo hicieron décadas atrás. En las salas de concierto de Nueva York, Shangai, París, Berlín y Moscú, en Tokio, Los Ángeles, Viena, Amsterdam y Roma, las audiencias celebran a Max Raabe y su Palast Orchester con entusiasmo increíble.
Cuando Max Raabe, con su alargado rostro, su ceja enarcada en una mueca irónica e intrigante y el codo ligeramente doblado entra en escena, casi como por descuido, enviando una mirada irónica a la audiencia con la más estudiada dejadez y sus melodramáticas erres arrastradas, admite: "Rompo el corazón de las mujeres allá donde voy. Tengo una suerte increíble con las damas. Mi sangre es de lava y éste es el truco", aparece como un ser extraño, un fenómeno de otros tiempos para la naturaleza de este siglo...
El Ragtime fue la primera música negra que consiguió amplia popularidad y distribución comercial. El ragtime no sólo afectó poderosamente a la música estadounidense, sino que influyó a compositores clásicos del mundo entero cuando el estilo todavía daba sus primeros pasos. Entre 1902 y 1904 Charles Ives compuso un bailable y trece composiciones de ragtime para orquestas teatrales; Claude Debussy compuso el Golliwog’s Cakewalk como parte de su Children’s Corner Suite entre los años 1906 y 1908, y el listado de compositores de importancia que conocieron el ragtime y compusieron música del mismo estilo o que incorporaron elementos de dicho estilo incluye a Erik Satie, Igor Stravinsky, Darius Milhaud, Arthur Honegger y Paul Hindemith.
Entre los años 1895 y 1915 el público entró en contacto con el ragtime merced a partituras para piano, piano rolls para pianola y las actuaciones en vivo de músicos itinerantes o establecidos en determinadas localidades. A la vez, el ragtime clásico –“que en su definición más simple consiste en los rags para piano de Scott Joplin, James Scott, Joseph Lamb y sus inmediatos colaboradores, alumnos y seguidores”- recibió adaptación musical por parte de numerosas agrupaciones instrumentales, compañías de minstrel y grupos de vodevil, de forma que los nombres de Tom Turpin y Scott Joplin, entre muchos otros, no tardaron en ser conocidos en todo el país. Si bien el piano era el instrumento por antonomasia de los músicos de ragtime, el estilo se adaptaba a múltiples combinaciones y con frecuencia fue adaptado por bandas de metales, solistas de banjo y vocalistas con acompañamiento.
Un rag sureño Con anterioridad a 1900, entre la población negra del sur de Estados Unidos existía gran diversidad de música bailable. Los jolgorios y bailes de fin de semana, con frecuencia celebrados en graneros rurales, muchas veces adoptaban la forma de bailes en círculo o bailes de cuadrilla de a cuatro o a ocho. La aportación musical solía correr a cargo de instrumentos como el banjo, el violín o el pífano, cuyos prototipos eran directamente originarios de África. El acompañamiento rítmico lo aportaban elementos tan heterogéneos como cucharas, palos, huesos o golpes de palmas. Durante las últimas décadas del siglo XIX hizo aparición el acordeón, a la vez que la guitarra sustituía al banjo como instrumento predilecto.
Si bien los esclavos negros que fueron llevados a América del Norte provenían de diversas regiones de África, la mayoría habían sido arrancados de los clanes y tribus que habitaban la costa occidental del continente africano al sur del desierto del Sahara. En esta región, en ocasiones denominada Costa de Marfil, Costa del Oro o Costa de los Esclavos, habitan tribus como los yoruba, los ibo, los fanti, los ashanti, los susu o los ewe. Como estas culturas son en gran parte de transmisión oral, no han dejado crónicas escritas referentes a los siglos XVI, XVII y XVIII, época de apogeo del comercio de esclavos y momento en que la mayoría de negros africanos llegaron a las dos Américas. Excepto en los casos en que algún visitante –misionero, colonizador, aventurero o, incluso, traficante de esclavos- anotó algunos datos en forma de publicación, diario o libro de contabilidad, contamos con muy escasa documentación escrita sobre las costumbres de estos hombres y mujeres.
El jazz es la expresión artística peculiar a Estados Unidos, una música cuya aparición se remonta a fines del siglo pasado. Esta música no puede ya considerarse nueva o experimental: ha superado con éxito el paso del tiempo. Como toda música clásica, el jazz se ajusta a normas establecidas de forma y complejidad, disfruta de un amplio repertorio de obras maestras reconocidas como tales y demanda determinados conocimientos musicales a artistas y oyentes. El género se desarrolló en embrión a partir de las tradiciones de África occidental, Europa y Norteamérica que hallaron su crisol entre la comunidad afroamericana asentada en el sur de Estados Unidos. El jazz siguió evolucionando a partir del matrimonio entre las músicas religiosa y seglar afroamericanas, la tradición y el instrumental de las orquestas estadounidenses, y las forma y armonías nacidas en Europa.
Aunque para un Dandy pueda parecer antitético, el jazz es música democrática en el mejor sentido de la palabra, pues constituye el legado colectivo de un pueblo. El jazz no es simple entretenimiento para élites aristocráticas: se trata de una música de orígen humilde que ha llegado a ser patrimonio de pobres y ricos. Es música de cariz participativo, tendente a la comunión entre el artista y su audiencia, cuyos ejecutantes e incondicionales provienen de los ámbitos más diversos. La interpretación y el disfrute del jazz personifican los principios de la igualdad de derechos y la paridad de oportunidades asumidos por quienes habitan una sociedad libre. Su lenguaje es directo y expresivo, puede ser simple o elocuente, y requiere una interacción entre ejecutante y oyente que precisa de activa participación por parte de éste último.
Dandy, ahora te llaman los que no te conocieron cuando entonces eras terrán, porque pasás por niño bien y ahora te crees que sos un gran bacán; mas yo sé, Dandy, que sos un seco, y en el barrio se comentan fulerías, para tu mal... Cuando sepan que sólo sos confidente, tus amigos del café te piantarán.
Has nacido en una cuna de malevos, calaveras, de vivillos y otras yerbas... Sin embargo, ¡quién diría!, que en el circo de la vida siempre fuiste un gran chabón. Entre la gente del hampa no has tenido performance, porque baten los pipiolos que se ha corrido la bolilla y han junado que vos sos un batidor...
Dandy, en vez de darte tanto corte pensá un poco en tu viejita y en su dolor. Tu pobre hermana en el taller su vida entrega con entero amor y por las noches su almita enferma, con la de tu madrecita en una sola sufriendo están...
Cuando un día, llegue a nevar tu cabeza, a tu hermana y a tu vieja llorarás.
Una obra encuadrada en el tipo de música Ambiente, que gira en torno a la figura de Rose Keller, la prostituta que marcó un punto de inflexión en la vida del filósofo y literato francés, como elemento catalizador de la vida del Marqués de Sade, El Divino Marqués.
El proyecto cuenta con doce temas, del que extraemos en esta primera entrega el titulado "Dis Moi"...
El Dandy,si de exteriorizar algún sentimiento fuese capaz, se enorgullecería especialmente de su participación en el proyecto, en calidad de asesor histórico, además de haber prestado su voz en alguno de los temas que componen el mismo. Un pequeño divertimento que le ha procurado tardes de solaz, así como la oportunidad de acercarse a su biblioteca y desempolvar algún ejemplar de las obras del Marqués, brindándole una relectura que, como siempre, le ha aportado novedades y sorpresas.
El Dandy se complace en presentar una nueva entrega del trabajo de The Rose Keller Project: Le Divine Marquis.
El proyecto cuenta con doce temas, del que extraemos en esta segunda entrega el titulado "Arcueil". En esta entrega se recrea el escándalo protagonizado por el Marqués de Sade el 3 de abril de 1768. Ese día era Domingo de Pascua. Rose Keller, que declara estar mendigando en la plaza las Victorias de París (en aquel tiempo lugar frecuentado por prostitutas para vender sus servicios) lo acusa de, con el pretexto de proporcionarle un trabajo, llevarla a la casa de Arcueil y una vez allí obligarla a desvestirse, martirizarla sajándole reiteradamente la espalda con algún objeto cortante y de otros muchos abusos. Atendida por unas vecinas del pueblo, éstas declaran atrocidades contra Sade, y el médico, en primera instancia, al día siguiente de los hechos, certifica heridas en la espalda de la mujer.
En el juicio se demuestra que Sade no la hirió, el médico es llamado a declarar bajo sospecha y se ve obligado a rectificar su primera declaración ante la ausencia de heridas en la Keller. Sade mantiene que era una prostituta que contrató y que tan sólo la azotó en las nalgas con una cuerda anudada. Es más, ella provoca la situación que desencadena el incidente, momento que recrea el tema compuesto por The Rose Keller Project. La declaración de Sade coincide con los hechos probados. Sade pasa varios meses en prisión por orden real y en el proceso es condenado a pagar una cantidad de dinero que se destina a la beneficencia. Los hechos, trasformados por la rumorología, recorren toda Francia, adquiriendo Sade la fama de marqués depravado. Más tarde, en su cuento El presidente burlado escribiría, sin duda refiriéndose a este suceso: "Un joven de elevado rango de la provincia quiso, por una venganza trivial, dar una zurra a una cortesana que le había jugado una mala pasada, y este indigno cernícalo [el magistrado] convirtió el incidente en un asunto criminal".
El Dandy ama la música como ama cualquier otra forma de arte. Wilde era la excepción, pues la encontraba muy aburrida. Baudelaire escribió un tratado sobre las melodías de Wagner, defendiéndolo de otras personas - muchas otras – que le atacaban; enormemente importante es la amistad entre estos dos artistas, con el apoyo de un voluminoso intercambio literario. Incluso Listz fue uno de los músicos favoritos de Baudelaire.
Mucho tiempo después, Beardsley alaba el tema de Wagner (recuérdese el "Crepúsculo de los Dioses" de Wagner), todavía polémico en su época, llegando incluso a tener un retrato en la habitación. Wilde dijo, sobre el compositor alemán: "Me gusta la música de Wagner, es tan ruidosa que usted puede hablar tranquilamente con su vecino sin ser escuchado por otros," pero esto no importa mucho, ya que Wilde pensaba probablemente la misma cosa también de los otros compositores.
No hay que olvidar la importante contribución de Jean Cocteau a la asociación de compositores franceses conocida como el "Grupo de los Seis" - compuesto por Darius Milhaud, Georges Auric, Francis Poulenc, Arthur Honegger, Germaine Tailleferre, Louis Durey-o, más simplemente, "Los Seis". Estos, en contraste con el creciente interés por la dodecafonía de Schonberg y desarrollado por sus fieles seguidores Berg y Webern, empezaron a clamar por una vuelta a la música clásica 'impresionista' (los grandes maestros de este curioso grupo fueron Eric Satie, y, desde luego, Claude Debussy), así como por la elección de temas para sus obras y títulos de composiciones con referencias a clásicos helénicos (Sócrates, Platón, ...) o de latinos. No es de extrañar que Cocteau, que siempre estuvo atraído por el neoclasicismo, se convirtiera, en un corto espacio de tiempo, en una especie de vate oficial de Los Seis, escribiendo también su manifiesto, titulado "El gallo y Arlequín". En 1958, Poulenc puso la música al drama de Cocteau titulado "La voz humana" (que no tuvo mucho éxito) y, en 1961 al hermoso poema "La Señora de Monte-Carlo."