el dandy

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Seducción
Seductor, Actor
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El Littré francés define “al seductor” como “aquél que seduce, que hace que el otro caiga en error o en falta”, como el corruptor. Para acabar confesando que “el espíritu seductor no es otro que el demonio. La seducción es diabólica. Entonces, ¿por qué esas evocaciones divinas? Es que el demonio es engañador, va “divinamente” disfrazado. Y, por si fuera poco, los disfraces del demonio son infinitos, y su actuación magistral. Si la seducción no es definible no es tanto por su carácter casi sagrado, por sus orígenes bíblicos, como por no ser visible. El seductor siempre está disfrazado, siempre está cambiando de máscara. Podemos hacer el retrato de un libertino del siglo XVIII. Pero, ¿cómo hacer el retrato de un seductor?

El seductor es, pues, hábil, falso, mentiroso, y la seducción conlleva el movimiento ondulante de la serpiente (dejemos la parálisis extática para la seducción como resultado de la acción del seductor, es decir, para los efectos en el seducido), supone una...

 
Seductio
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Mucho se ha dicho de la seducción. Desde el mito de Don Juan hasta las aproximaciones conceptuales del filósofo francés posmoderno Jean Baudrillard, todas las definiciones, todas las explicaciones han venido en ayuda del curioso de la seducción. Y, sin embargo, seguimos sin saber muy bien qué es la seducción, qué es un seductor (¿no es un machista lleno de cadenas de oro y con la camisa medio desabrochada?) y, lo que es más grave, si estamos viviendo una bonita historia de amor o, al contrario, estamos cayendo en las redes de un pérfido seductor. En el fondo, esa mala imagen del seductor es pura envidia. A todos nos encantaría ser seductores, sentirnos irresistibles, tener ese encanto que sólo los grandes magos de la seducción poseen. Pero no sabemos cómo, ni siquiera sabemos si eso es bueno o malo.

Y lo peor es que los diccionarios, en este caso, no ayudan nada, o muy poco. Hasta su origen latino parece fruto de un mestizaje semántico. Encontramos el término subduco: “Hacer subir, arrastrar hacia arriba, retirar, sustraer, llevarse secretamente, desaparecer, hacer desaparecer.” Una parte de seducir quiere decir ya movimiento, movimiento ascendente, ascensional, divino; pero también secreto, secuestro, furtividad. Y también seduco: “llevar aparte, apartar, llamar a uno para hablarle confidencialmente” y seductio: “acción de llevar aparte, separación, éxtasis”. Parálisis extática, divina; pero también apartar, alejar, desviar del camino recto. Seducir es para la Real Academia “embargar o cautivar el ánimo”; como sinónimos de seductor tenemos: “cautivador, cautivante, engañador, sugestionador, engatusador, hechicero”. Activo y pasivo (habíamos visto movimiento y parálisis), seduce como sujeto de deseo, cautivador, o seduce como objeto de deseo, cautivante; contrario a la libertad, mentiroso pero mágico.

Entre lo divino y lo diabólico, ¿dónde está la seducción?

 
La Galantería
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¿Qué nos queda en el hombre libertino de buen tono de aquel hombre honesto? El abuelo era galante, su nieto también lo será. La galantería es (o era, porque, desgraciadamente, hasta eso se pierde) una actitud propia del francés seductor, más allá de contextos socio-temporales. Por supuesto, el libertino del siglo XVIII se define por su galantería. Pero ya sus antepasados del siglo XVII gustaban de ser galants hommes. Así los definía La Bruyère. Un siglo antes, el propio Enrique IV fue apodado el Vert Galant por su conducta y su éxito con las mujeres.

El Diccionario Robert define la Galantería como “Distinción, elegancia del espíritu y de las maneras. Cortesía que se testimonia a las mujeres por medio de consideraciones, de atenciones. Amabilidad, urbanidad, buena educación. La vieja galantería francesa. Especialmente: Solicitud inspirada por el deseo de conquistar a una mujer, gusto por las buenas fortunas. El “comercio”, el lenguaje de la galantería. Véase Coquetería, corte, flirt, marivaudage (término que nace con Marivaux, autor de principios del siglo XVIII en cuyas obras hay personajes que hablan permanentemente con un doble sentido que les permite cortejar a una mujer, declararse, sin que ésta tenga por qué ofenderse, ni siquiera darse por enterada), seducción. Propósitos aduladores, escritos galantes (dirigidos a una mujer). Decir galanterías: véase Cumplidos. Intrigas amorosas, aventuras, buenas fortunas. Galantería: calaverada, intriga, amistad”.

 
Prontuario del Seductor
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¿Qué cualidades debe reunir todo seductor?

¿Por qué no reivindicar el libertinaje como una actitud vital en nuestros días? Digámonos libertinos. Hagámonos libertinos.

En primer lugar, hemos de desclasarnos. La nobleza, hoy, es una cualidad y no una clase social. Rechacemos, por nuestra forma de estar, toda filiación burguesa. Nuestras cualidades han de ser lo más personales posibles.

¿Cómo alejarse de los valores burgueses? Haciendo de lo inefable, el instante y el gasto la base de nuestra vida cotidiana convertida así en un campo de experimentación del “momento propicio”, de lo único.

¿Cómo hacerse noble? Contra los valores burgueses, actitud noble, de grandeza. Hacer de cada gesto de cortesía, de sensibilidad, de valor, de lealtad, de honor, auténticas obras de arte. Ser enérgicos, vitales, es decir, entusiastas y decididos en cada momento como si fuera el último que debiéramos vivir. El “momento” ha de ser la unidad de tiempo de todo libertino.

 


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